¡La música está en su sangre! el legado de Pablo Solano como melómano y coleccionista

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Esta es la historia del maestro Pablo Solano, un hombre que a sus 78 años sigue preservando la memoria histórica de grandes artistas de bolero, guaracha, entre otros géneros. 

La música ha estado en sus raíces desde que nació, pues fue criado por dos mujeres verracas y trabajadoras que vieron en la música una oportunidad para salir adelante. Como si estuviera escrito en el libro de la vida, su abuela se llamaba Celia y, al igual que la gran guarachera de Cuba, las composiciones eran su mayor pasión. 

“Mi abuela llevó a su familia a vivir a una finca cerca al Kilómetro 18, mi madre, Olimpa, y mi tío Luis buscaban quitarse el aburrimiento, por lo que decidieron volcar su energía a la música que sonaba en la rocola de su casa. Aún eran pequeños”, narró  Pablo Solano.

Con el tiempo, la señora Olimpa se involucró más en el mundo de la música y empezó a viajar a Buenaventura para comprar los discos.

“Mi madre y mi tío se iban a Buenaventura a buscar la música. Andaban las calles o iban a los barcos, que era donde se conseguía lo último. Les pasaban un montón de discos y buscaban los mejores. Salían con 15 o 20 de allá, los pagaban y se montaban en el bus rumbo a Dagua”, añadió este gran coleccionista.

Y así fue como empezó el negocio de la música, que con el tiempo se fue transformando en un bailadero donde la gente gozaba con lo mejor de los boleros y la música de aquella época de los 50.

El establecimiento que fue todo un éxito funcionó hasta finales de los 60 y luego del cierre del bar, su madre y hermanos regresaron a Cali. Ahora, el maestro cuenta con una colección de discos en su casa. 

Aunque muchos lo llaman melómano y coleccionista, él se considera como un gran amante de la música, pues hasta el son de hoy, su pasión por las melodías sigue intacta. A donde quiera que vaya, el maestro Solano comparte el legado que le dejó su abuela y su madre, por esta razón, cada que tiene la oportunidad invita a las nuevas generaciones a que amen la música y no la dejen morir. 

Ana María Larrea Zambrano

Comunicaciones Corfecali

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